07/23/12
jdma 116

Mi Ultimo Adiós

Autor: Crisanto Briceño González (1846 – 1944)
Fecha: Junio 1944
Contribuido por: Alfredo Mendieta Artola

Un poema escrito por el abuelo Crisanto a su adorada esposa!

Mi Ultimo Adiós

«Yo sólo siento morir, porque en el mundo
Sola y triste te dejo sin consuelo,
Pero mi bien, éste dolor profundo
se calmará con tu llegada al cielo.

De la bondad de Dios, jamás yo desespero
Y por tanto le pido con anhelo
que nos vuelva a juntar allá en el cielo,
allá en la eternidad donde te espero.

Continuación

facebookgoogle_plus
07/1/12
casares 104

El Fundador de la Playa de Casares

Go to English translation

Autor: Dr. Edmundo Mendieta Gutierrez
Fotografía: Jimmy D. Mendieta

Esta historia fue contada por mi bisabuelo Crisanto a mi tio Mundo, cuando este tenia solo 15 años de edad, en la misma playa de Casares. El Dr. Edmundo Mendieta Gutierrez se casó con una nieta de don Crisanto, Dña. Daisy Briceño de Mendieta. Es la historia de como mi bisabuelo Crisanto Briceño (padre de mi abuela Dña. Ernestina Briceño de Artola) es el fundador de esta preciosa playa de Casares).

Cuenta mi tío el doctor Edmundo Mendieta Gutierrez…

«La Luna de Marzo, una luna mística en varias regiones y religiones de los pueblos antiguos, ya que su plenilunio era el más cercano al equinoccio de la primavera y por consiguiente precursora del verdor de los campos y del florecimiento de los árboles, así como de las cálidas temperaturas que invitaban a los baños en las playas y los ríos. Los diriambinos, no eran ajenos a esta influencia, que más bien podríamos llamar embrujo, que por fortuna coincidía con la terminación de las labores de recolección y venta de la cosecha de café, principal cultivo de estas tierras. En esta apacible y fresca ciudad de Diriamba vivia una agraciada joven de nombre Juanita Echaverry, a la cual cortejaban dos jóvenes, con la caballerosa rivalidad de aquella época. Ambos eran de las mejores familias y acaudalados, pero con una diferencia. Mientras que Enrique Granja, alto y elegante, disponía de su fortuna, despilfarrándola a manos llenas, Crisanto Briceño no podía hacer lo mismo, pues aunque poseedor de una apreciable fortuna al quedar huérfano, ésta era administrada por un albacea que le daba el dinero a cuentagotas. Continuación

facebookgoogle_plus